Me ha parecido una obra remarcable. No soy en absoluto un conocedor de la literatura juvenil ni domino las claves del género, pero, sin duda, Marcel Fité nos hace una aportación a tener en cuenta. Una trama bastante viva y atractiva, con las dosis de misterio que pueden cautivar al lector y con alguna guiño al adolescente que lo tenga entre manos, permite al autor desplegar una obra de intenciones didácticas bien explícitas, sin mermar el valor lúdico de la lectura. El amor a la lengua, con referencias directas a Pompeu Fabra a través de unos de los personajes, y la estima a una tierra concreta - el Alt Urgell, de donde procede el autor y las comarcas próximas-y sus tradiciones, con pequeños apuntes descriptivos y situando la trama en paralelo a la fiesta de los almadieros en Noguera, rezuman en cada página. Hay, todavía, otro valor pedagógico de primer orden en la aproximación que hace a la historia en recodos cruciales para el país. Especialmente la guerra del 36, aunque aparecerán también en algún momento las referencias a las guerras carlistas. En esta recuperación histórica hay que agradecer a Fité que se aleje de los simplismos y maniqueísmos y que, en pocas palabras-no espere ningún tratado de historia que anule la narración-, consiga fijar la complejidad de los hechos históricos y sus contradicciones proyectadas sobre el porvenir de la nación, pero vividas también en la microhistoria de un pequeño pueblo, en la relación entre unos amigos o reflejadas en muchas biografías personales. Que el país y las personas concretas han perdido las últimas guerras vividas es bastante evidente. La lengua que emplea Fité es precisa, pero accesible. Esta aprecio por la lengua no es sólo una declaración retórica, sino que se plasma en el uso que hace. En algunas páginas no renunciará a introducirnos en el vocabulario básico del mundo almadiero, ayudándonos con unas notas. Ojalá sea un libro leído por nuestros adolescentes. No lo será en vano.El libro es del año pasado, las circunstancias han hecho que ahora lo leyera y aprovecho la proximidad de Sant Jordi para recomendarlo y para felicitar a su autor.
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